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“La política en República Dominicana se ha convertido en negocio y ha perdido su esencia transformadora” se queja el presidente del PRSC

Santo Domingo.- El presidente del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), Federico Antún Batlle (Quique), afirmó que la política en República Dominicana atraviesa una profunda crisis ética al ser arrastrada por una cultura de inmediatez, pragmatismo extremo y, en muchos casos, por intereses económicos desmedidos que han desnaturalizado su verdadero propósito.

El dirigente reformista sostuvo que en amplios sectores el acceso al poder ha pasado a percibirse como una oportunidad de negocios, donde la vocación de servicio ha cedido terreno ante la lógica de la rentabilidad personal y el clientelismo político.

“Hoy vemos cómo la proliferación de estructuras partidarias sin identidad ideológica clara, la compra de voluntades y la conversión de campañas en inversiones con expectativas de retorno financiero reflejan una preocupante transformación del ejercicio político”, expresó.

Antún fue enfático al señalar que la política ha dejado de ser un instrumento de transformación social para convertirse, en muchos casos, en un mecanismo de acumulación y protección de intereses particulares.

Indicó que aunque este fenómeno forma parte de una tendencia global -donde el dinero, la mercadotecnia y la imagen sustituyen el debate doctrinario- en la República Dominicana su impacto resulta más visible debido a fragilidades institucionales y a una cultura política que aún lucha por consolidar una ética pública sólida.

A su juicio, cuando la política se convierte en negocio pierde su esencia, se debilita la confianza ciudadana, crece el desencanto social y se amplía la distancia entre gobernantes y gobernados.

“La democracia corre el riesgo de reducirse a un simple ejercicio electoral periódico, despojado de contenido moral y de compromiso real con el bien común”, advirtió.

El líder reformista aclaró que no se trata de idealizar el pasado ni de desconocer que siempre han existido ambiciones personales, pero sí de reconocer que hubo épocas en las que el honor, la palabra empeñada y la coherencia doctrinal tenían mayor peso en la vida pública dominicana.

Recordó que en otros tiempos la política era concebida como una vocación casi sagrada, un compromiso moral con la nación.

“Se hablaba de la política como un sacerdocio laico, una entrega al bienestar colectivo aun a costa de sacrificios personales”, manifestó.

En ese contexto, mencionó a figuras históricas como Juan Pablo Duarte, símbolo de entrega absoluta a la patria, cuya visión -dijo- nunca estuvo asociada a privilegios ni acumulación de riquezas, sino al deber y la responsabilidad.

Asimismo, señaló que líderes como Joaquín Balaguer y Juan Bosch, más allá de simpatías o críticas, representaban proyectos políticos sustentados en ideas, doctrinas y debates ideológicos profundos.

Antún subrayó que en aquellas etapas la política era escenario de confrontación de pensamiento sobre modelos de desarrollo, educación, soberanía y justicia social, y existía una mística partidaria donde la formación política era parte esencial del liderazgo.

Sostuvo que recuperar la política como servicio exige fortalecer la educación cívica, promover la transparencia y garantizar una efectiva rendición de cuentas.

“Implica también que la sociedad deje de premiar el oportunismo y comience a valorar la integridad”, afirmó.

“La nación necesita líderes que entiendan que gobernar no es enriquecerse, sino administrar con justicia los recursos del pueblo. Si no devolvemos a la política su dimensión ética, el riesgo es claro: convertir el poder en botín y la democracia en fachada. Y cuando eso ocurre, el precio lo paga siempre la sociedad”, concluyó.

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